El rincón de Jesús y Mariví

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LA ALBERCA

La localidad salmantina de La Alberca, de apenas 1.200 habitantes, se encuentra al sur de la provincia de Salamanca, en el corazón de la Sierra de Francia a 1.064 metros de altura. Los extensos robledales y bosques de castaños proporcionan un fresco y agradable ambiente en los meses estivales, por el contrario, los inviernos son fríos con frecuente presencia de nieve.

Bajo la protección de la emblemática Peña de Francia y de su Virgen morena, La Alberca, es sin duda, una de las localidades más bellas de la Sierra de Francia. En 1940 el pueblo obtuvo la declaración de Conjunto Histórico Artístico, siendo el primer municipio español en conseguir tal distinción.

 

  

        

Si recorremos sosegadamente las calles y plazas de La Alberca, encontraremos atractivos rincones y perspectivas, en los que resalta una arquitectura popular levantada a base de piedras y geométricos entramados de madera. Destacan los dinteles cincelados con las fechas de fundación de las casas, así como otras inscripciones, signos y anagramas religiosos que hacen visible una profesión de fe. Cada una de las plantas superiores va sobresaliendo sobre la inferior, hasta llegar casi a tocarse los aleros de los tejados de las casas que se hallan frente a frente, lo que hace que en las calles se produzca un curioso juego de luces y sombras.

  

Se ha dicho que la estructura urbana de La Alberca es la de una Judería, por lo intrincado, laberíntico y secreto de sus calles. Pero tampoco han faltado quienes, al recorrer el pueblo, lo han asociado con los Arrabales de Damasco. La Alberca es así la unión, a lo largo de los siglos, de las culturas Cristiana, Islámica y Judaica.

 

 

 

    

El corazón histórico y cotidiano de la vida albercana es su Plaza Mayor una de las más bonitas plazas rurales que se pueden disfrutar. Seguramente es el lugar más fotografiado de La Alberca por sus bellísimos balcones y soportales con columnas de granito que la rodean. Es una plaza muy irregular en su trazado que no llega a ser un rectángulo en el que la mayor parte de los edificios de dos o tres alturas tienen la misma estructura: soportal y niveles superiores. En uno de los extremos, descentrado, hay un crucero de granito del siglo XVIII figurado con algunos símbolos de la Pasión y Cristo Crucificado. Junto al crucero una gran fuente también de granito y no será la única en el pueblo. En uno de los laterales se encuentra el Ayuntamiento actual.

  

La Casa Ducal no fue sino la residencia del criado-administrador de las rentas de ducado de Alba, que conserva unas interesantes columnas de fuste prismático de indudable tradición gótica, en las que curiosos capiteles y no menos extrañas inscripciones y relieves, aluden a la Pureza, Murmuración, Sensualidad, Pereza, Gula y otras, reproducidas con indudables intención didáctica.

 

El Ayuntamiento frente a la Casa Ducal, es de tres plantas, pero los soportales en este caso están formados por columnas graníticas con basas sobre altos plintos y capiteles toscanos del siglo XVIII con un 'medallón' en el fuste de la central en el que está grabada la fecha de 1774. En su planta baja estuvo la antigua cárcel, de la que se conserva una fuerte reja cerrando el acceso a una puerta, sobre cuyo dintel hay un azulejo que conserva el rótulo de 'Cárcel pública'.

   

 

       

  

       

     

   

La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción es el edificio de más importancia y volumen de la villa, construida con buena cantería, rayando su estilo lo neoclásico, pues se construyó entre 1730 y 1731 por el arquitecto Manuel de Larra Churriguera. El templo tiene 40 x 20 metros que llega a los 31 en el crucero, con amplitud adecuada a la población.

Es una iglesia de planta de cruz y tres naves de tres tramos más crucero, separadas por pilares cuadrados y arcos de medio punto. Las bóvedas son de lunetos y tanto éstas como las paredes laterales han sido despojadas de su blanco revoco, produciendo un aspecto triste y oscuro en su interior, que por otro lado es amplio, solemne y despejado, incluyendo a los pies el coro alto.

   

 

El interior, sin revestir y con el granito visto, también es sobrio. La plata es simple con tres naves cubiertas con bóveda de arista y una capilla en uno de los laterales. Varios retablos de diversas épocas y facturas decoran tanto el altar mayor como las naves laterales.

  

Se puede contemplar el Cristo que sudó sangre en el siglo XVII y al cual se le tiene gran devoción en la localidad.

  

 

En los pies de la iglesia se encuentra el “Marrano de San Antón“, se trata de una representación en piedra de un cerdo, imagen de otra de las tradiciones albercanas.

   

 

    

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