El rincón de Jesús y Mariví

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Tercer Día

  De Reynisfjara a la Cascada Glufrafoss

 

  

Al llegar a la Playa Reynisfjara nos encontramos con una playa larguísima y solitaria, con mezcla de guijarros y arena negra. A la derecha podíamos vislumbrar la Península de Dyrholaey con su característico e inconfundible Arco de Dyrhólaey.

   

 

 

A la izquierda en primer lugar una especie de peñón, que en realidad es el Monte Reynisfjall. Es famoso por sus cuevas, el corte de la montaña en forma de columnas de basalto, y por los frailecillos que se encuentran en su cima.  A la derecha de esta montaña destacan sus famosísimas rocas en medio del océano, las rocas Reynisdrangar.

 

 

Paramos en el pequeño pueblo de Vik y mientras se repostaba y se compraban víveres paseamos hasta su playa

  

Nos trasladamos a la  Península de Dyrhólaey  que es en realidad una reserva natural desde 1978. Tiene sobre todo gran diversidad de aves, algunos protegidos, y es el mejor lugar de Islandia, junto con algunas de sus islas, para ver frailecillos. Desde aquí vemos la playa que hemos visitado anteriormente de Reynisfjara

 

 

Nos acercamos hasta una zona para ver de más cerca el Arco de Dyrhólaey.  Es un escarpado promontorio de 120 metros que sale del mar formando un arco. Parece una especie de puente. En su origen se formó por la lava, y el arco se creó de forma natural por la erosión del mar. Este arco es el que da nombre a la península de Dyrhólaey, ya que su nombre significa “La isla del agujero en la puerta” (the door hole island). En islandés dyrnar holu significa agujero en la puerta. Desde aquí tenemos una bonita panorámica de la  playas de arena negra. Creo que es la playa de Kirkjufjara.

  

Nuestra siguiente visita del día es la impresionante Cascada de Eskofagoss. Nos acercamos primero al borde del río Skógá, y a continuación seguimos el curso del río durante los pocos metros que nos separan de la cascada. El agua cae como un manto amplio, uniforme y con muchísima fuerza. Es una de las cascadas más grandes, anchas y caudalosas de Islandia. El ruido que provoca el agua al caer es ensordecedor. Según te vas acercando, comienzas a mojarte por el agua que salpica la cascada. con el sol se forman arco iris en la base con el agua salpicada de la cascada

 

 

Después de disfrutar y fotografiar la cascada, continuamos nuestra visita por un camino  que sale a la derecha de la cascada, y que nos lleva hasta una escalera en la montaña. La escalera es de metal, muy empinada y con muchísimos escalones. Yo no los conté, pero parece que son unos 450 escalones. Aunque la subida total por la escalera son sólo unos 10-15 minutos

 

El mirador está situado exactamente en uno de los laterales del salto de agua. La caída y la imagen desde aquí son increíbles.

 

También echamos la vista atrás y vimos cómo el río Skógá serpenteaba después de caer por Skógafoss en su camino hacia el Océano Atlántico.

 

Nos desplazamos a pocos kilómetros donde se encuentra la cascada de Seljalandsfoss. Unos 7 kilómetros antes de llegar, comenzamos a ver una cascada en la montaña que se encontraba enfrente de nuestro camino. Antes de llegar a la cascada cruzamos un río, Markarfljót, parece su desembocadura, y se ve negro por los sedimentos de arena negra que arrastra.

Desde el aparcamiento ya vemos la cascada y en apenas un minuto podemos contemplarla en todo su esplendor. A la izquierda de Seljalandsfoss vemos que aparecen a lo lejos otras dos cascadas más cortas y estrechas. Parece que todo este macizo está repleto de cascadas. En realidad estas cascadas pertenecen al macizo del famoso volcán Eyjafjallajökull. Este volcán fue el que en 2010 provocó con sus cenizas tantos problemas en todo el tráfico aéreo europeo.

La cascada Seljalandsfoss del río Seljalandsá cae desde la montaña con una caída de 60 metros. No es de las más caudalosas, ni de las más altas, pero sí es realmente bonita. La cascada es espectacular, y hace aún más bonito todo el entorno con el añadido de la nieve que la rodea.

Además lo más interesante es que se puede rodear por detrás, así que tomamos un caminito que sale por la derecha con la intención de rodearla. Al acercarnos a la cascada el agua salpica con tanta fuerza que nos moja. El suelo está resbaladizo y decidimos no entrar por su peligro.

 

Muy cerca de esta cascada se encuentra esta otra  de Glufrafoss o cascada Oculta. Está escondida dentro de una cueva y es preciosa. No es fácil entrar sin mojarte un poco los pies pero sin duda merece la pena.

 

 

   

Aquí acabamos con nuestra última visita en el día de hoy. Nos trasladamos al alojamiento

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