El rincón de Jesús y Mariví

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BATALHA- ALCOBAÇA- NAZARÉ

Llegamos a Batalha y visitamos su impresionante Monasterio. El monasterio de Batalha, en la actualidad incluido en el patrimonio de la humanidad de la Unesco, es fruto de un trabajo de la piedra que combina, en un periodo que supera el siglo, el gótico y el manuelino. Del exterior, lo que más llama la atención es la fachada. La portada del monasterio ostenta un centenar de pequeñas esculturas en cuyo centro se hallan representados Cristo y los evangelistas.
Las agujas y los pináculos, al igual que las torres de donde surgen conos estriados, traducen el estilo gótico propio del monasterio que a veces se ha comparado con el de la catedral de York.

 

   

 

      

Varios arquitectos se dedicaron a su construcción por orden de  diferentes monarcas. Primero Alfonso Domingues trazó el plano y se inspiró en el monasterio de Alcobaça para elaborar el diseño de la nave, el coro y el claustro. El maestro Huguet, tras terminar los trabajos de Domingues, se dedicó a montar las bóvedas de la sala capitular , construyó la capilla del fundador que albergaría el sepulcro del rey, y comenzó a añadir detrás del coro una rotonda octogonal para acoger los restos de los reyes de la dinastía de los Avís.

      

Boitac se ocupó de los arcos del claustro real, que realzó con encaje de mármol, de tal manera que el claustro en la actualidad sigue provocando la admiración general, en particular por esa especie de exuberancia oriental que emana.

  

  

 

            El gran arquitecto del estilo manuelino también se dedicó a la realización de esas capillas inacabadas que están a cielo abierto desde el siglo XVI.

  

 

          Continuamos la ruta dirigiéndonos a la ciudad de Alcobaça donde se encuentra el monasterio al que visitamos.

Alcobaça es conocida por su monasterio Cisterciense, en torno del cual se desenvolvían las poblaciones de la comarca. El monasterio fue fundado por la orden de Alfonso I de Portugal en el año 1148, y fue concluído en el 1222, de estilo gótico con influencias moriscas. Monasterio de Alcobaça

s.

Por la amplitud de sus dimensiones, la claridad del diseño arquitectónico, la belleza de los materiales y el cuidado que se tuvo en su realización, constituye una obra maestra del arte gótico cisterciense.

 

 

El claustro es de gran  belleza

    

   

 

Recibe la sepultura de dos eternos enamorados: el rey Pedro I de Portugal (1357-1367) y su amante Inés de Castro.
En el Monasterio de Alcobaça, sede de la mayor iglesia portuguesa, Don Pedro I ordenó esculpir un túmulo funerario para Inés. Cuando estuvo finalizado, ordenó el solemne traslado de los restos desde Coimbra hasta la nueva sepultura. Siete años más tarde. antes de morir el rey encarga tallar para él, otro túmulo funerario en el mismo estilo que el anterior de Inés; ambos tenían que ser colocados pies contra pies para que, el día de juicio, al despertar, lo primero que viese cada amante, con sus miradas cruzadas frente a frente, fuese la figura del otro, Ambas sepulturas, de estilo gótico, pueden admirarse en este  Monasterio de Alcobaça. Se consideran los más bellos ejemplares del arte funerario portugués.

Y para cambiar de ambiente nos acercamos a la costa donde se encuentra la ciudad de Nazaré. Es la sede de un pequeno municipio con 80,49 km² de área y 15 060 habitantes. Es una población que vive del turismo y con gran ambiente nocturno. Preciosa playa bañada por el Atlántico.

   

Una de las primeras cosas que hay que hacer al llegar a Nazaré es  subir por su empinado funicular que comunica la parte de la playa con el barrio antiguo, conocido como Sítio, que se levanta en la explanada del alto del acantilado. Apenas tres minutos de viaje separan los 300 metros desde la costa hasta el alto de este impresionante pico, cuyo vertical desnivel parece convertirse en un insalvable abismo.

 

Sobre todo no hay que perderse el impresionante mirador de O Sítio, conocido como Miradouro de Suberco, situado al borde del acantilado y cuya vista aérea alcanza toda la playa y el núcleo urbano inferior. Esta perspectiva de gaviota estremece por la belleza del horizonte y la vista totalmente vertical de las casas blancas y la dorada arena que se alarga hasta el final de la panorámica.

 

 Junto al mirador, vendedoras de frutos secos o percebes vestidas de manera tradicional y, en la plaza, tiendas de recuerdos de los más variopintos objetos que sirven de recuerdo a los miles de turistas.

En la cima del acantilado se encuentra uno de los tesoros de Nazaré: la iglesia con estilos barrocos en honor de la Virgen de Nazaré y la pequeñísima ermita de la Memoria, situada al lado de la blanca barandilla que protege del barranco y que fue ordenada construir en 1182.

 

 

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