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MARRAKECH
Esta ciudad imperial,
al igual que Fez, Rabat y Meknes, tiene una historia rica y
enriquecedora gracias a las sucesivas dinastías que la han poblado. Su
prestigio es tal, que se ha convertido en el nombre que identifica a
todo el país. Marrakech es un centro
cultural vibrante y una capital turística de renombre, siendo
el destino principal de aquellos que viajan a Marruecos en busca de
experiencias inolvidables.
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En vuelos directo desde Madrid llegamos
al aeropuerto de Marrakech. Nos trasladamos al hotel El Andalous

Al día siguiente comenzamos la visita a
la ciudad comenzando por los
Jardines de la Menara
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Jardines de la
Menara: Este espacio fue mandado construir por
Abd al-Mumin, califa almohade, a principios del siglo XII,
ideado como un equipamiento al servicio de la ciudad y consistente en un
gran huerto dividido en una cuadrícula de parcelas y un
enorme depósito para almacenar agua.
En el siglo XVI se construyó
un pabellón, adquiriendo los jardines una dimensión más
recreativa, ya que el sultán lo utilizaba de residencia durante sus
vacaciones.
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Los dos elementos más
destacables de este vasto espacio son un gran estanque de agua
ligeramente salada y un delicioso olivar, que
actualmente es el más antiguo e importante de la ciudad tanto por su
extensión como por poseer cuarenta variedades de olivos. Lo sorprendente
es que el olivar y los exuberantes cultivos que lo acompañan reciben el
agua de la cordillera del Atlas, cuyas cumbres nevadas adornan el
paisaje. Y es que el agua del deshielo llega desde las montañas a través
de un sistema de canalización de unos treinta kilómetros.
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Un coqueto
pabellón preside este estanque y se compone de dos plantas, de
color ocre pero coronado por un techo piramidal verde –una combinación
muy común en los edificios significativos de Marrakech– y rodeado de un
muro de acceso de ladrillo y con el tono rojizo característico de la
medina. A veces se le conoce como el Pabellón del Placer, pues cuentan
las leyendas que uno de los antiguos sultanes –del que se prefiere
callar el nombre– no solo disfrutaba allí de sus citas amorosas, sino
que cuando amanecía lanzaba al estanque a la elegida de la que había
gozado durante la noche.
Continuamos entrando en
el interior de las murallas donde se encuentra la gran medina
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Las murallas son uno de los
elementos más distintivos de la ciudad de Marrakech.
Construidas en adobe y cuidadosamente mantenidas a lo largo de los
siglos, estas murallas rodean la intrincada red de callejuelas de la
medina, el casco antiguo de la ciudad, preservando sus secretos y su
riqueza histórica. Las murallas de Marrakech son mucho más que una
barrera física, son una representación de la historia y la
cultura de la ciudad.
Entramos y comenzamos la visita por la
Mezquita Koutoubia
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Mezquita Koutoubia:
Es un verdadero icono de Marrakech, siendo la más
importante y una de las más grandes del Occidente musulmán.
Su imponente minarete, que se eleva a casi 70 metros de altura, domina
el horizonte de la ciudad y se convierte en el eje central de su
paisaje urbano. De hecho, es el edificio más alto de toda
Marrakech y está prohibido construir cualquier otro que lo supere, lo
que demuestra su importancia y significado para la ciudad.
La construcción
de la Koutoubia se remonta a la época del gobernante Abd el Mou, pero
fue su hijo pequeño, Yacoub El Mansour, quien la completó entre los años
1184 y 1189. Su nombre, Koutoubia, proviene de “kutubiyyun”, que
significa “libros”, en referencia a un antiguo zoco de libros que solía
existir en sus alrededores. Por esta razón, también se conoce como la
Mezquita de los Libreros.
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La mezquita está adornada con ventanas
curvadas, una banda de taracea cerámica,
merlones apuntados y arcos decorativos;
tiene una gran plaza con jardines, y está iluminada con focos durante la
noche. La Kutubía destaca por su alminar
de 66 m de altura (según otras fuentes 77 m), el cual es el edificio más
alto de la ciudad. Incluye una aguja y orbes. El minarete es el símbolo
y punto de referencia de la ciudad y, sin duda, el monumento más
representativo de la misma.
Aunque los no musulmanes tienen
prohibido entrar en la mezquita, al igual que ocurre con la
mayoría de las mezquitas, merece la pena contemplar su imponente
arquitectura desde el exterior. La Koutoubia es un verdadero
tesoro de la historia y la cultura de Marruecos, con su minarete
elegante y sus detalles arquitectónicos intrincados que reflejan la
riqueza de la tradición islámica.
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Bab Agnaou, una
puerta monumental:
Aunque la puerta Bab Agnaou se construyó
con un lógico motivo funcional (dar acceso a la ciudad), recibió un
tratamiento decorativo tan rico que se puede considerar un monumento en
sí mismo. De hecho, se mantiene casi intacta desde el momento de su
realización, en época almohade.
Bab Agnaou está construida en dos
materiales diferentes. Por un lado, el ladrillo, tan habitual en las
construcciones de Marrakech
y en toda la arquitectura musulmana
en general. Y por otro lado, los sillares de piedra, que originalmente
tenía una tonalidad azulada pero que ha ido adquiriendo un color dorado
por el efecto de los vientos procedentes del desierto.
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Al entrar nos encontramos con otra puerta
y junto a ella una tienda de productos de herbolaria. Después caminamos
por las estrechas calles de la medina
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Rodeada por unos 19 kilómetros de
murallas construidas en 1122,
la medina de Marrakech es
Patrimonio de la Humanidad y lleva el nombre de todo el centro histórico
de la ciudad. Es la parte más antigua de la ciudad, también conocida
como el casco antiguo. Hasta hace más de 100 años, toda la ciudad de
Marrakech y sus actividades comerciales se ubicaban dentro de estas
murallas, seguramente antes de que comenzara su expansión económica.
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Entramos en la zona del Barrio Judío
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El Mellah de Marrakech o barrio Judio:
Fue creado en 1559 y durante mucho tiempo fue el
barrio judío más importante de Marruecos, llegando a tener una
población de hasta 16,000 habitantes. Sin embargo, desde 1956, la
mayoría de los residentes son musulmanes, y actualmente se estima que
hay poco más de 300 judíos viviendo en la ciudad, principalmente en el
Guéliz.
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El término
“Mellah” se utiliza para referirse a los barrios judíos en Marruecos, y
se cree que el nombre proviene de unas salinas que existían en el lugar
donde posteriormente se estableció el barrio judío de Fez. El
Mellah de Marrakech se encuentra adyacente al Palacio Real, en una
ubicación estratégica que les proporcionaba seguridad, y estaba
rodeado por murallas con solo dos puertas de acceso. Estas puertas eran
custodiadas por soldados y se cerraban por la noche, solo abriéndose por
la mañana.
El Mellah era un lugar autosuficiente,
con sus propios mercados, sinagogas y cementerios. Sin embargo, la
masificación de más de 15,000 personas que vivían en su interior era
evidente, y los residentes judíos tenían ciertas limitaciones impuestas,
como la prohibición de montar a caballo o acceder a otros lugares de la
ciudad.
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La
plaza principal del Mellah es Plaza des Ferblantiers:
Une la parte árabe de
Marrakech con el Mellah, el barrio judío. Es una plaza moderna, con
pequeñas tiendas alrededor. Su nombre significa que en este lugar se
trabaja el hierro blanco. Puedes comprar un montón de bellos objetos de
decoración para el hogar y el jardín. Por ejemplo lámparas, espejos,
camas… es un lugar peatonal que tiene bancos en su centro para
descansar. En la parte superior de las tiendas se han instalado algunos
bares, con terrazas y vista sobre la medina. Se renovó hace tres años,
con una fuente central y algunas palmeras. Una pérgola alrededor
proporciona sombra a las tiendas.
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A lo largo de su historia, el Mellah de
Marrakech ha sido testigo de cambios demográficos y culturales, pero
aún conserva vestigios de su pasado judío y su importancia
histórica en la ciudad. Visitar este barrio es una
oportunidad para explorar la riqueza cultural y la historia de la
comunidad judía en Marruecos.
Seguimos con la visita al Palacio de la
Bahía que se ubica en este barrio judío

El Palacio de
la Bahía
es un palacio y un conjunto de jardines situados en
Marrakech.
Fue construido por el visir Ahmed ben Moussa a finales del siglo XIX,
con la intención de ser el palacio más grande de todos los tiempos. Se
dice que el visir dedicó este palacio a su esposa preferida. Su nombre
significa el palacio de la bella o la brillante.
El palacio tiene 160 habitaciones,
dispuestas en una sola planta y a un mismo nivel, y varios patios. En tu
paseo dentro vas a disfrutar de su decoración tan magnífica. La cual es
una combinación entre la arquitectura árabe y andaluza. Distinguido por
los mosaicos de sus paredes, los trabajos artísticos de las puertas de
madera, la increíble decoración de los arcos y la gran belleza de los
techos de madera cuidadosamente pintados.
Se
puede visitar sólo un tercio del palacio; el resto es propiedad privada
de la familia real. Lo más impresionante del palacio es el gran patio,
llamado Patio de honor. A este patio da la imponente
Sala de honor. Es la más lujosa y grande del palacio,
utilizada en recepciones oficiales y cuyo techo pintado destaca por su
belleza.
La visita
se realiza a través de un laberinto de patios y salas, que en un primer
momento puede resultar algo desconcertante, pero que gracias a su
distribución te sorprenden con rincones llenos de belleza a cada paso
que das.
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Jardines y patios: Nada
más entrar al Palacio de la Bahía nos encontramos con uno de sus
espacios más relevantes. Es conocido como Patio de Honor.
Se trata de un lugar de unos 1500 metros cuadrados
recubierto de mármol y mosaicos. Se encuentra protegido por las
diferentes habitaciones del palacio, con tres fuentes en el centro.
Ligada a este patio se encuentra la Sala de Honor, en
la que tenían lugar las recepciones oficiales.
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La
Sala del Consejo exhibe quizás los
ejemplares más deslumbrantes, donde cada techo narra su propia historia
a través de policromías exquisitas y motivos geométricos y florales. Las
paredes, revestidas de porcelana, danzan en perfecto contraste con estos
cielos de madera policromada.
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Los techos.
Si
por algo son relevantes las habitaciones del interior del
Palacio de la Bahía es por los techos. Por decirlo rápidamente,
sentirás que estás un barco volcado, porque todos tienen la forma de un
navío. Durante el saqueo del mismo tras la muerte de Ben Moussa,
fueron la única parte del interior del palacio que quedó intacta.
De ahí su gran valor arquitectónico, que recuerda a aquella
Marrakech de finales del siglo XIX.
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El Harén:
Historia y Misterios:
El harén emerge como el
espacio más enigmático del palacio, donde moraban las cuatro esposas
oficiales de Ba Ahmed junto a sus veinticuatro concubinas. Este
santuario femenino, vedado a toda presencia masculina excepto la del
visir, mantiene una conexión directa con el Gran Patio.
La
suite privada de Lalla Zaynab, primera esposa del visir, ocupa un lugar
privilegiado entre el Gran Patio y el Riad Grande, testimonio
arquitectónico de su elevada posición en la jerarquía del palacio.
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El Petit Riad:
De forma cuadrada y más estrecho, el
Petit Riad no es menos interesante. Está decorado al
estilo tradicional marroquí, con paneles de
madera y marcos de puertas tallados y pintados con motivos
coloristas. Con la llegada del protectorado francés y
del general Lyautey, que decidió alojarse en el Palacio de la Bahía
durante sus visitas a Marruecos, se realizaron varias mejoras, entre
ellas la instalación de chimeneas y de un sistema
eléctrico para calentar las frescas noches de invierno.
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El
Impresionante Patio Principal: Verdadero
corazón palpitante del palacio, despliega su majestuosidad sobre 1.500
metros cuadrados. Este espacio sobrecogedor, que mide 50 por 30 metros,
luce un fastuoso manto de mármol de Carrara entrelazado con zelijs, los
característicos mosaicos geométricos marroquíes. Una galería señorial,
sostenida por 52 columnas de madera decapada, abraza el perímetro del
patio, conduciendo a ochenta aposentos que antiguamente conformaban el
harén del visir.
Tres
fuentes emergen del centro del patio, vestigios de un oasis de serenidad
que antaño refrescaba el ambiente. La imponente Sala de Honor, con sus
20 por 8 metros, se asoma a este espacio como testigo silencioso de las
grandes recepciones que aquí se celebraron.
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Continuamos visitando
las Tumbas Saadís

Tumbas Saadís:
Pasamos por una
estrecha callejuela que bordea la mezquita Moulay El Yazid y te
lleva a las Tumbas Saadís, un mausoleo del siglo XVI
donde descansan eternamente los miembros de la Dinastía Saadí.
Descubiertas en el 1917, estas tumbas tiene como principal reclamo la
preciosa Sala de las Doce Columnas, aunque también
merece la pena dedicar tiempo a la Sala de los Tres Nichos, la Sala de
Mirhab y el jardín que alberga más de 100 tumbas de soldados y
sirvientes decoradas con mosaicos.
La necrópolis de las Tumbas
Saadíes es, en realidad, un jardín-cementerio amurallado en parte por el
muro de la qibla (el que marca la dirección de la oración), de la
Mezquita de la Kasbah. En su interior veremos dos construcciones
principales rodeadas de jardines por donde se reparten tumbas decoradas
con azulejos de colores. Aunque la mayor parte de lo que podemos
contemplar en la actualidad pertenece al período Saadí, existen algunas
lagunas, también en cuanto a los personajes enterrados entre sus muros.
Las bellas decoraciones en madera y mármol, arabescos, azulejos,
mocárabes y caligrafía son suficiente motivo para dedicarles una visita
atenta y pausada.
Los orígenes del conjunto de tumbas no
son bien conocidos. Hay que remontarse a finales del siglo XII, época
almohade, aunque ninguna figura importante de esta dinastía se
encuentra aquí enterrada. En el siglo XIV, sin embargo, la necrópolis sí
acogió, aunque de forma temporal, a un ilustre personaje: el sultán Abu
al-Hasan. El monarca falleció cerca de Marrakech y debido a la premura
con que la tradición islámica obliga a realizar el entierro, su cuerpo
se depositó en la ciudad hasta su traslado definitivo cerca de Rabat.
Una lápida en la Cámara de los Tres Nichos, recuerda ese
enterramiento.
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Enterramientos exteriores :
A esos mausoleos se accede a través de un patio, separado del resto de
la ciudad por altos muros, en el que se pueden admirar diferentes
enterramientos cubiertos con mármol. La mayoría de ellos pertenecen a
miembros de las familias nobles más cercanas a los saadíes.
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Mausoleo de Lalla Massouda:
Es
el origen del complejo funerario, inicialmente concebido como un recinto
de perfectas proporciones cuadradas. En décadas posteriores a su
construcción (1557), la sala se amplió hasta mostrar su actual aspecto
rectangular. Destaca la rica decoración de azulejos y mocárabes, con
numerosas analogías con la arquitectura y ornamentación nazarí.
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Sala de los Tres
Nichos:
Este
espacio, a la derecha de la Sala de las 12 Columnas, se dedicó al
enterramiento de diversos miembros de la familia, como esposas,
concubinas y algunos de los príncipes no reinantes (o que murieron
durante su infancia). La decoración resulta algo menos suntuosa, pero no
menos atractiva, que la de las salas anejas.
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Cámara de las Doce Columnas
(Mausoleo de Ahmad al-Mansur). Es el
lugar más llamativo del complejo. El mausoleo del sultán Al-Mansur
presenta influencias de otros mausoleos de dinastías anteriores, tanto
merínies, de Marruecos, como nazaríes, de Al-Andalus. Nos encontramos
ante un espacio cuadrado de 10 por 10 metros, con una altura de 12
metros, en el que las 12 columnas, de mármol de Carrara y dispuestas
simétricamente en grupos de tres, forman un cuadrado algo más pequeño.
Los capiteles de las columnas están
decorados con motivos vegetales o arabescos. Cada grupo de columnas
sostiene dos arcos de mocárabes, también realizados en mármol, lo que es
excepcional. Entre cada grupo de columnas podemos ver otros arcos de
mocárabes, más anchos, tallados en estuco.
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Tras esta visita
llegamos en pocos minutos a la
Plaza Jamaa el Fna
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La plaza de Yamaa
el Fna es la principal plaza y el más famoso lugar de la
ciudad marroquí de Marrakech. Se levanta a escasos metros de la mezquita Kutubía, por lo que queda dominada por su alminar. Rodeando la plaza hay
también varias mezquitas, más modestas, que acompañan a la Kutubía.
La plaza es de grandes
dimensiones y está rodeada por todos los lados, menos por uno, por la
medina repleta de zocos
clasificados por su actividad principal. En los bordes de la plaza se
han establecido un buen número de cafés, como el café Francia, y
restaurantes de todas las categorías, que abren sus terrazas hacia el
espectáculo que se forma en esta monumental escena.
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Por la mañana la plaza
se llena de puestos de venta de zumos recién exprimidos de naranja,
aceitunas, dátiles y dulces típicos, que seguro, serán la excusa
perfecta para deleitar tu paladar.
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Todo en Marrakech gira
en torno a Yamaa el Fna. Miles de personas se dan cita en este espacio
público llenándolo de color, cultura y negocio. Contadores de cuentos,
maestros exponiendo sus enseñanzas, encantadores de serpientes,
danzantes, dentistas, vendedores de zumos de fruta, acróbatas,
escritores de cartas, aguadores... un infinito número de actividades y
personas que se juntan y van abarrotando la plaza y sus callejuelas
adyacentes según va llegando la noche.
Los puestos de comida
especializados, cada cual en su hacer, inundan con la noche una parte de
la plaza, que queda iluminada por cientos de lucecitas e inundada de
humo con multitud de olores.
En el año 2001 la
Unesco
proclamó e inscribió en 2008 El espacio cultural de la Plaza Jemaa
el-Fna en la Lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial
de la Humanidad.
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Observar todo lo que
ocurre en la Plaza Jamaa el Fna desde las alturas en la terraza del Café
Glacier o la del Café de France (menos turística) mientras disfrutas de
un té con menta. ¡Te aseguramos que no hay mejor momento que este con la
Medina de fondo!
Después de descansar
continuamos con la visita a el
Zoco
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El Zoco:
Entramos por uno de los callejones de la parte norte de la Plaza Jamaa
el Fna que lleva al Zoco de Marrakech, todo un espectáculo que ponemos a
prueba tus cinco sentidos. Durante unas horas nos olvidamos del mapa en
sus laberínticas callejuelas mientras buscamos algún souvenir típico
como un farolillo de metal, una alfombra, unas babuchas, una alfombra o
un juego de té y haces un curso acelerado de regateo.
Aunque puede resultar bastante estresante por la gran cantidad de gente
(motos incluidas) y la agresividad de algunos vendedores, la experiencia
merece mucho la pena si no te dejas influenciar por algunos de los
falsos guías que querrán llevarte a su tienda o a la de un amigo que
ofrece lo mismo pero a precios muchos más altos.
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Mientras vas
recorriendo toda esta zona verás agrupados por pequeños zocos lo
artesanos que trabajan un mismo material como los tintoreros, con sus
lanas de colores secándose al sol, o los que realizan los tatuajes de
henna.
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Después de atravesados todos los zocos,
aparecen una zona de atractivo turístico con la Mezquita de Alí Ben
Youssef, la Madrasa del mismo nombre y el museo de Marrakech.
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La Koubba el-Badiyin
o Mezquita de Alí Ben
Youssef:
Es un pequeño edificio en forma de cúpula
que ha sido recientemente restaurado. Se remonta a principios del siglo
XII y fue construido por Ali Ben Yussef, el segundo rey almorávide. Lo
que la hace verdaderamente especial es que es el único ejemplo restante
de arquitectura almorávide en Marruecos y es considerada la fundadora de
Marrakech. Además, esta pequeña joya arquitectónica es un
testimonio del avanzado sistema de aprovisionamiento de agua de los
almorávides para abastecer a la ciudad.
Para acceder a la
Koubba el-Badiyin, se deben bajar unas escaleras debido a que el nivel
del suelo de la ciudad ha aumentado con el paso de los años. Sin
embargo, este esfuerzo vale la pena, ya que esta estructura histórica
ofrece una visión única de la genialidad arquitectónica de los
almorávides y su conocimiento avanzado en el manejo del agua.
La Koubba el-Badiyin
es un verdadero tesoro histórico en Marrakech y una
muestra valiosa de la riqueza cultural y arquitectónica de la ciudad. Si
tienes la oportunidad de visitar Marrakech, no te pierdas la oportunidad
de admirar esta pequeña pero significativa maravilla de la arquitectura
almorávide.
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La Medersa Ben Youssef o
La Madrasa de Alí Ben Youssef:
Una medersa es un
colegio o escuela musulmana de estudios superiores. Están
especializadas en estudios religiosos. La Medersa Ben Youssef se
construyó para dar servicio a los estudiantes de la mezquita cercana con
el mismo nombre.
La Madraza de Ben Youssef, además de ser
la más importante, es también la medersa más grande de Marruecos.
Encargada por el sultán Abdallah al-Ghalib, su construcción
finalizó en 1565. Tiene 130 celdas que permitieron
alojar hasta 900 estudiantes.
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El Museo de Marrakech
está ubicado en el antiguo
palacio donde residió Mehdi Mnebhi, antiguo ministro de defensa
del sultán Moulay Abdelaziz. El palacio data de finales del
siglo XIX.
El edificio
alberga el museo desde 1997, cuando la fundación Omar
Benjelloun lo compró para rehabilitarlo, al igual que hizo con la
Medersa Ben Youssef
y la Quobba Almorávide. Anteriormente, el palacio había sido utilizado
como vivienda y, a mediados de los 60, como colegio femenino.
La parte
principal del museo es su patio (atención a la gran lámpara)
y las salas dispuestas a su alrededor. En estas salas
se expone la colección del museo, compuesta principalmente de
cerámica, armas, alfombras y otros objetos tradicionales de Marruecos.
En el interior del
edificio también se puede visitar el hammam tradicional
y una sala de exposiciones temporales.
Regresamos hacia la Mezquita Koutoubia
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Estamos cerca del famoso hotel
La Mamounia que visitamos
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La Mamounia:Este
majestuoso hotel, que ocupa un palacio real del siglo XII, se encuentra
a 6 minutos a pie de la Mezquita Kutubía, a 14 de la animada plaza de
Yamaa el Fna. Este legendario hotel de lujo en Marrakech es famoso por
su arquitectura y su historia. Aunque alojarse o comer en La Mamounia
puede estar fuera de presupuesto para muchos viajeros, vale la pena
visitarlo por fuera o disfrutar de una bebida en uno de sus elegantes
bares.
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El hotel cuenta con hermosos jardines,
patios y una atmósfera única que te transportará a otra época.
El hotel dispone de 4 restaurantes (italiano, francés, marroquí y uno
junto a la piscina exterior), 5 bares refinados, un spa de lujo,
gimnasio y jardines paisajísticos.
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Comenzamos el circuito por Marruecos. Nos
desplazamos a la ciudad de Casablanca
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